“El costo de ser discípulo de Jesús”

Publicado en por Fraternidad San Vicente Ferrer

A la luz del Evangelio de San Lucas (14, 25-33).-

 

Transitando por los caminos del mundo nos encontraremos con muchos dichos o máximas populares pertenecientes o relativos a la idiosincrasia de nuestros pueblos, como aquel que dice: “El camino de las cien mil leguas se inicia con un solo paso”, como queriendo decir que todo punto de salida tiene uno de llegada y que  antes de ponernos a caminar tenemos que calcular los costos económicos derivados de tal movilización, la comodidad y el confort que se dejará atrás, el recorrido por delante que debemos transitar, los móviles que nos motivan a efectuar tal o cual viaje o misión y los viáticos pertinentes para no tener dificultades a futuro entre otras tantas cosas que se deben considerar.

En este orden de ideas vemos al Maestro,  utilizar incluso palabras grotescas, dirigidas a todos aquellos que decidan hacer el camino con Él que es camino. Cualquiera que lea literalmente esta frase pensará que Jesús propone el odio en vez del amor, la discordia en vez de la concordia, pero no es así; son palabras fuertes que se utilizan como un método ilustrativo de seguimiento, que en el lenguaje de la Biblia quiere decir que tenemos que poner a Jesús por encima de todas las cosas y seres aún sean estos muy queridos y cercanos y que en el tránsito y  seguimiento de ese camino debemos dejar, padre, madre, cónyuge, hijos; actividades sociales, culturales, políticas y deportivas entre otras tantas cosas; así como todas las seguridades que nos proporcionan las cosas materiales que a lo largo del tiempo hemos acumulado para nuestra propia comodidad, como el hogar y todo lo que allí se encuentra.

Nadie que no “odie” todas estas cosas,  los placeres y las seguridades mundanas temporales que las mismas nos ofrecen  puede seguir a Jesús; porque siempre  tendrá algún “aguijón pinchándole los costados”. Y al estilo de  los hebreos por su tránsito en el desierto: Estará lloriqueando por la comida, la bebida, la seguridad y el confort de una casa, por la mujer, el esposo o los hijos, los animales domésticos o el negocio.  Ponemos tantos pretextos para justificar el incumplimiento en algún servicio previamente establecido o solicitado de último momento.

El seguimiento y el costo del discipulado es precisamente ese: Dejar todo lo que se tiene para servirle al dueño de todas las cosas, estando convencido como estoy que no dejará a sus discípulos sin su justa recompensa tanto en esta vida como en la vida después de la vida. Pero es importante estar consientes que para que esto sea una realidad concreta,  hemos de renunciar a todas las cosas materiales que dificultan ese seguimiento. Esa es la cruz que Cristo impone a todas aquellas personas que quieran dedicarse a tiempo completo como discípulos suyos, ese es el verdadero costo de ser discípulo; sin duda alguna las razones y las justificaciones para que muy poca gente quiera servirle, sino veamos la escases de vocaciones en la vida religiosa y de laicos comprometidos en la evangelización.-

Así pues, cualquiera de nosotros que no ponga a Jesús por encima de todas las gentes y las cosas, no puede ser discípulo suyo.-

 

 

José Luis Riveiro Fernández, OP

Santo Domingo de Cobán,  28 de noviembre  de 2012

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