EL PADRE BONDADOSO

Publicado en por Fraternidad Laical Dominicos San Vicente Ferrer

AMOR DEL PADRE

PARÁBOLA. A PROPÓSITO DE LC 15, 11-32

 

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Jesus_de_Nazaret_fotograma.jpgJesús fue un conocedor de los conflictos que se vivían en las familias de Galilea. Sus mensajes recrean tales situaciones. Por ejemplo, las discusiones entre padres e hijos, los deseos de independencia de algunos, o las rivalidades entre hermanos por derechos de herencia que ponían en peligro la cohesión y estabilidad de la familia.

 

 

 

     La familia lo era todo. Una familia problematizada estremecía todos los ámbitos de las relaciones. Se sufría mucho. La familia era: hogar, lugar de trabajo y sobre-vivencia, fuente de identidad, seguridad y protección. Era difícil sobrevivir fuera de la familia. La crisis de familia pasa por la relativización de los vínculos, de la alteridad necesaria, para ser humano.

 

 

 

 

      ¿Cómo puede un niño, una niña, un joven, un hombre, una mujer, ser y realizarse fuera del ámbito hogareño? ¿Dónde más ir? ¿Qué le queda al joven si se aventura fuera de ese calorcito? ¿Soportará el frío de lo desconocido? ¿Aguantará la soledad de la altura alcanzada allá en el ápice de su montaña? ¿Qúe sentido tendrá, aquello de irse, sin que nadie le espere allá o aquí?

 

 

 

IMG_0021.JPG     Jesús habla de la relación del Padre con el hijo. El hijo pide la herencia a su padre. Pero no sabe lo que hace. Pedir la herencia es dar por muerto a su padre. De ese modo rompe la solidaridad con la familia y echa por tierra su honor… lo que pide es una vergüenza y una locura para todo el pueblo. Es algo imperdonable. Todos los ojos le miran rabiosos. Están en desacuerdo con él. Menos los ojos del Padre. Él respeta la sinrazón de su hijo y reparte su herencia. Es decir, su vida y sustento.

 

 


El amor trasciende la locura. Tiene capacidad de mirar lejos.

 

 


     
¿Y la autoridad del Padre, dónde queda? ¿Cómo puede aceptar aquello perdiendo su propia dignidad y poniendo en peligro a toda la familia, y sobre todo el buen prestigio?

 


rembrandt-hijo-prodigo-detalle.jpg     El hijo se marcha a “un país lejano” sin la protección de nadie. Ha caído en la degradación. Pero reacciona. ¿Es tarde?  No. Para el amor nunca es tarde. Tiene al Padre. Lo sabe. Es tarde sólo para aquel que no tiene nadie quien le espere.


     
El Padre recibe a su hijo no como el patrón y patriarca de una familia. Sus gestos son los de una Madre. Esos besos y abrazos son signo de acogida y perdón, pero también de protección y defensa ante los vecinos, que apresuran la restauración de su dignidad dentro de la familia.

 

 
 

     La sabiduría está en saber volver, saber esperar, saber callar. Es la relación del Padre con el hijo de ésta parábola.

 

 

 

     Al hijo mayor el regreso de su hermano no le produce alegría, si no rabia. Se siente extraño en la familia. Él no se había perdido en un país lejano, pero se encuentra perdido en su propio resentimiento. Él está perdido en el epicentro de 7.8 grados que gira alrededor de su ombligo. El padre sale a invitarlo con el mismo cariño con que ha salido al encuentro del hijo que ha llegado de lejos. No le grita, no le da órdenes. No actúa como el patrón de la casa. Al contrario como una Madre, le suplica una y otra vez que venga a la fiesta.

 

 

 

     Es entonces cuando explota y deja al descubierto todo su rencor. Ahora no sabe sino humillar a su padre y denigrar a su hermano denunciando su vida de males. No entiende el amor de su padre hacia aquel miserable. Él no acoge ni perdona. 


 


      Es que quien no se abre al amor nunca sabrá darlo. Quien nunca es perdonado, no perdonará. En él la posibilidad de la ternura será siempre una quimera.

       


desolacion-1-.jpg     Quien anda así, es judas, es Caín, que se cierra al amor y se abre al odio. Aprieta el puño y se niega a dar la mano. 

 

 
      
El odio no encuentra camino. Es tractor que hace suyo todos los caminos, está perdido en las tantas opciones, destruye. Cualquier ruta que tome llevará a cualquier extremo. Es estar solo en un mundo de muchas compañías. Es exponerse a la vulnerabilidad de los límites. Es tentarse así mismo. Es mirar desde arriba con el lazo al cuello y con la enorme tentación de lanzarse al vacío. Es intentar resolver problema con problemas. Es confabular males sobre males. El peso es enorme. Cae sobre uno mismo. Es marcase a sí mismo en la frente y correr por la vía pública desesperado, sin ruta. Como Caín.


 


     
Mientras el Padre simplemente ama, espera, tiende la mano. El Padre es figura de Dios, del hombre pleno, del amor posible.

 

 

 

 

Documento escrito Por: Fray Guillermo Delgado-Acosta O.P.

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R

Padre Guillermo: La verdad es refrescante para mi espíritu la sencilléz con que Ud. enfoca la Parábola más famosa de Jesús. Me encanta lo del "terremoto al rededor del ombligo". Le agradezco por
poner tanta sabiduría a nivel de mi poco entender.


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F

Gracias José Luis. Esperamos que las reflexines sobre la la reflexión flexibilicen posturas extremas. Para dar pasos al amor posible.


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J

Padre Guillermo, gracias por esa reflexión que hace pensar que todos alguna vez, manifestamos esa trilogía: Algunas veces somos el hermano menor, las más el mayor y de vez en cuando el padre
amoroso y misericordioso; que difícil es tener compasión y ponerla de manifiesto ante todo cuando se tiene un hijo que es una corona de espinas. Saludos fraternos
José Luis Riveiro


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