“VANA SERIA NUESTRA FE SI CRISTO NO HUBIERA RESUCITADO”

 

(1ª Cor 15, 14).-

 

 

 

 

 

Lecturas sugeridas:

Primera lectura (Hech 10,34.37-43);

Segunda lectura (Col 3,1-4).-

 

 

Proclamación del Santo Evangelio según San Juan: 20, 1-10.

 

     El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena va al sepulcro y observa que la piedra está retirada del sepulcro. Llega corriendo a donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que era muy amigo de Jesús, y les dice: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto. Salió Pedro con el otro discípulo y se dirigieron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro. Inclinándose vio las sábanas en el suelo pero no entró.

 

 

     Después llegó Simón Pedro, que le seguía y entró en el sepulcro. Observó los lienzos en el suelo y el sudario que le había envuelto la cabeza no en el suelo con los lienzos, sino enrollado en lugar aparte. Entonces entró el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, vio y creyó. Todavía no habían entendido que, según la escritura, El debía resucitar de entre los muertos. Los discípulos se volvieron a casa.

 

Palabra del Señor, gloria a ti Señor.-

 

 

    Si Cristo no hubiera resucitado vacía sería nuestra fe, vacía nuestra  predicación, proclamaba San Pablo allá por el año 55 de nuestra era; por lo tanto inútil sería toda la preparación que hemos tenido los católicos practicantes durante este tiempo de cuaresma; vana la celebración del misterio pascual, vana la celebración diaria del mismo misterio en la consagración de la misa; y  la iglesia tendría que callar y con ella los cristianos.

 

 

      Nos  narra el evangelista  que ante el hecho histórico de encontrarse los dos discípulos que se hicieron presentes ese día muy de mañana al sepulcro después de las noticias de la magdalena, vieron las vestiduras y la tumba vacía y el discípulo amado creyó,  todavía no habían entendido que, según la escritura Jesús tenía que resucitar de entre los muertos; no lo habían entendido antes de ese acontecimiento porque la visita que María Magdalena hace ese día a la tumba no era para  constatar la resurrección del Señor, sino para ungir el cuerpo del Maestro con perfumes para preservarlo de la corrupción según narra San Marcos en su evangelio. Solo el discípulo amado, que vio y creyó entendió que a partir de ese suceso al Cristo hay que buscarlo no en una tumba vacía, sino en el corazón de todos aquellos que sin ver han creído que Cristo vive, que ha resucitado y que por haberlo constituido Dios el primogénito de todos los muertos (Ap 1, 5) y Señor de la vida y de la muerte, nosotros tenemos parte con El al constituirnos   herederos también de la vida eterna,  porque  “la muerte ha pasado, la vida ha comenzado.”

 

 

      ¿Dónde está, oh muerte tu victoria? ¿Dónde está oh muerte tu aguijón? (1ª Cor 15, 55); haz sido vencida para siempre porque al tercer día de haber sido crucificado  Cristo resucitó,  y concedió verlo no a todo el pueblo sino solo a los testigos que El de antemano había escogido, quienes comieron y bebieron con El después de resucitado y los mando que predicaran al pueblo dando testimonio que El  ha sido constituido por Dios como juez de vivos y muertos; (Hech 10, 37-43); esto nosotros los cristianos lo creemos por la fe, pero para todos aquellos discípulos de Tomás  que necesitan ver para creer, aún existe el único vestigio arqueológico, testigo mudo de la resurrección: ¡La tumba vacía de Jesús!         

 

 

     La resurrección de Cristo es nuestra resurrección, por lo tanto permítanme desearles felices pascuas de resurrección y a la vez echarle un vistazo retrospectivo a mi vida y comentar que hacía yo en una semana como la que acaba de terminar, sin entrar en mucho detalle, esperaba con mucha alegría esta festividad, no por lo que la misma significaba sino porque era para mí el descanso más largo del año, para ir de vacación, ese tiempo transcurría entre sol, playas, comidas y bebidas de más y todo lo que puede suceder en estos trances,  ir de un lugar a otro sin importar el tiempo, la distancia y su costo, si daba tiempo ver una que otra procesión, pero no para  apreciarlas como un acto penitencial, que para algunas personas eso verdaderamente significan, sino que iba a regañadientes casi obligado por mi esposa é hijos y me concretaba a  juzgar y   criticar a las gentes que cargaban, me daba cuenta que muchos de los que iban cargando, con  cara compungida, en una procesión solemne, vivían como paganos el resto del año y solo en  tiempo de semana santa, se les veía en una actividad religiosa.

  

 

  Un matutino informó en fechas recientes que las playas del país están listas para recibir a los miles de “peregrinos” que sin duda alguna asistieron  este año a vacacionar, olvidándose por completo que el sentido de vivir santamente una semana santa es vivir la pasión, muerte y resurrección del Señor, siendo esta última la más importante, porque con la resurrección de Cristo ha  llegado nuestra propia liberación total y definitiva.

  

 

  El Arzobispo Primado de México, Cardenal Norberto Rivera, dijo en Notimex que la semana santa “será incompleta si no se vive en la fe y en la esperanza de la resurrección.” Por ser este  el acontecimiento más importante de la historia de la salvación, porque después de su sacrificio en la cruz, Cristo alcanza la victoria sobre los poderes y fuerzas que esclavizan al ser humano y recibe de Dios  Padre el señorío sobre toda la creación, visible é invisible; terrena y celestial.

 

 

   Y Puesto que hemos  resucitado con Cristo, busquemos  los bienes de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios: Poniendo  todo el corazón en los bienes del cielo, no en los de la tierra. (Col 3,1-2). Cuyas  recomendaciones  debemos  practicarlas todas aquellas personas que hemos tenido un encuentro personal,  real, verdadero y concreto que  nos afecta por completo tal y como afectó a los primeros discípulos del Señor; aquellos que en las horas difíciles de los acontecimientos que se dieron en Jerusalén, previo a la resurrección del Maestro; le negaron y se escondieron por temor a correr la misma suerte que su Señor.

 

 

   Pero después que Jesús resucita se les aparece, camina con ellos,  los bendice, habla, come y bebe con ellos, les da la paz, los consuela y los envía a la gran misión de la predicación, son tocados y transformados por El.

 

 

     En las tres lecturas bíblicas mencionadas hay cuatro personajes, que  llaman  la atención: María Magdalena, a quien Jesús durante el ejercicio de su ministerio había perdonado al haber sido encontrada en flagrante adulterio y le había sacado siete demonios, no peco más; esta presente al pie de la cruz junto a María la madre de Jesús y es a la primer persona que se le aparece el resucitado.  El primer día de la semana muy de mañana, cuando ella se puso en movimiento y le fue a buscar al sepulcro la nombra apóstol de los apóstoles antes de ser glorificado por su Padre y le encomienda una misión.

 

 

    Simón Pedro, tres veces niega a Jesús, al canto del gallo se arrepiente y aún así Jesús cumple su promesa, edificando sobre esa roca su iglesia.

 

 

    El otro discípulo el que era muy amigo de Jesús, refiriéndose a sí mismo el  evangelista San Juan, siempre estuvo con Jesús  en las buenas y en las malas, es nombrado por El,  custodio  de Maria su madre.

 

 

    Y, San Pablo; de perseguidor de los cristianos,  pasa a ser su misionero, se le debe en gran parte la construcción y la expansión  de la iglesia.

  

 

   Ese fue el toque personal que el resucitado le dio a cada una de las personas que tuvieron un encuentro personal concreto con El después de la resurrección.

 

 

    Estimados televidentes, ahora que ya han terminado las celebraciones litúrgicas para vivir  la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús; quiero exhortarlos a  que concretamente nos  interpelemos a nosotros  mismos, preguntándonos  ¿He tenido real y verdaderamente un encuentro personal con el resucitado? ¿Ha transformado mi vida entera?  ¿Qué misión me ha encomendado? Y  por ultimo para ver si mi decir es coherente  con mi actuar ¿Qué hice en esta semana santa? ¡Meditémoslo y actuemos! Amén.-

 

 

 

Predicó:

José Luis Riveiro Fernández

Home Cinema de Televisión

Cobán, A.V. Guatemala, C.A. 05 de Abril de 2010.-

 

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: